12 de mayo de 2013

ATENCIÓN Y MEMORIA

La memoria y la atención se encuentran relacionadas indiscutiblemente pues parte del proceso de atención tiene su principio en recordar lo que los sentidos captan. Cuando uno presta atención a un sabor, el sentido químico del gusto intentará desmenuzar los sabores y recordar cada uno de los componentes hasta poder decir: sabe a… 
Cuando se pone atención a partir del sistema visual, uno debe recordar la ubicación espacial de los objetos, los colores, formas y estructuras compositivas de lo que se mira, a veces la velocidad y la naturalidad del movimiento (Delaney, Nghiem y Waldum, 2009). Y el proceso se vuelve complejo cuando después de mirar algo por un rato, se hacen preguntas específicas sobre ese objeto o esa composición. Por supuesto, entre más elementos se encuentren en lo que se observa, más complejo es determinar que se miró. 
Analice la imagen, vea los colores, y las formas, reconozca los objetos, revise la composición. 
¿Reconoce las aves?, ¿sabe sobre que están caminando?, ¿en dónde fue tomada la fotografía? 
La atención tendrá que basarse en el conocimiento previo de los elementos o de otro modo no será posible reconocer lo que se mira (Ruiz Contreras y Cansino, 2005). De ahí que el cerebro requiera de la complejidad de la interacción entre la memoria episódica también llamada de trabajo y la memoria a largo plazo que permita crear acceso a la información previa en el sistema. El principio se ha explicado como una revisión de los archivos contenidos en el cerebro, conservados para ser empleados a necesidad (St. Clair Thompson, 2010). 
Pero entonces, ¿cómo surge este sistema tan complejo y a veces hasta delicado llamado memoria en el proceso evolutivo?. 
La memoria, al igual que los demás procesos básicos (sensación y percepción, aprendizaje, motivación y emoción, pensamiento y lenguaje), está puesto al servicio de la pervivencia de la especie, es decir, sirve para mantenernos sobre la faz de la tierra. Pero además se adecua a las necesidades del individuo dependiendo de la interacción que tenga con el medio (Killgore y Yurgelun-Todd, 2009). 
En este sentido, se puede afirmar que el proceso de la memoria es flexible y en años recientes se ha encontrado que sus células son renovables, pues se ha hecho mucha investigación que muestra que tanto las células del hipocampo que es donde se cree está asentada físicamente el proceso de la memoria, como las del bulbo olfatorio, cambian constantemente, al igual que los células óseas y las dérmicas (Alvaréz – Buylla y García Verdugo, 2002). 
Es por ello, en parte que la memoria requiere consolidación. Intente recordar estos dígitos: 9, 3, 9. 0, 9, 2, 1, 7… 
Usualmente se asocia al aprendizaje con la memoria, de hecho el proceso completo es aprendizaje y memoria, ambos requieren de la atención, pero entonces ¿se recuerda y luego se aprende o se aprende y luego se recuerda?. ¿Qué fue primero? ¿el huevo o la gallina?. Desde el punto de vista cerebral, uno se apoya en el otro, puedo decir mi nombre porque he aprendido que asi me conoce la gente y si entre una múltitud alguien grita mi nombre, aún con poco esfuerzo, buscaré a quien creo que me llama. Pero entonces ¿los bebés tienen conocimientos previos que luego recuerdan? 
Antes que nada, la memoria se encuentra en otras especies, se han realizado múltiples estudios de memoria en gatos, todos sabemos que los perros recuerdan caminos, personas y olores, que algunas especies de aves pueden recordar palabras y que entre más grande y evolucionado el cerebro de una especie, le es posible crear interacciones más complejas entre procesos. 
También se sabe que la memoria está localizada en el hipocampo, el cual es parte de lo que se llama sistema límbico, ubicado exactamente a la mitad del cerebro y que también alberga a las emociones. De ahí que exista una fuerte relación entre la memoria y la emoción. 
Esa relación crea recuerdos incompletos, por ejemplo cuando adultos recordamos el momento en que uno de los padres empleó algún tipo de castigo para reprender una conducta indebida. Es sencillo recordar el castigo y el dolor causado, ya sea físico o emocional, pero cuando se pregunta: ¿Por qué te castigaron?, usualmente el recuerdo es mucho más vago. La conducta indebida no inflingió el dolor, el castigo fue el evento doloroso. 
¿Puede recordar los números que se anotaron un poco más arriba en este artículo?, ¿recuerda el orden exacto?, ahora… ¿podría recordarlos en orden inverso?... 
Cuando se llevan estudios de laboratorio, usualmente se emplean estímulos como recordar dígitos, palabras en orden, relacionadas… como se hace en las pruebas psicométricas, pero en la realidad, la cantidad de estímulos es tal, que difícilmente se pueden recordar y poner atención a tantos eventos. Antes se decia que el número mágico de la memoria era 7±2… pero si logramos recordar 3 cosas, a veces es suficiente. 
Y en esta era de la información donde todo fluye a velocidades de pentium 5… ¿cómo recordar la fecha del día, la cita de las 5, la lista del super, la tarea de mañana, el cumpleaños de alguien, el número de teléfono y además, poner la alarma de despertador?. 
Aprendemos a depender de aparatos que nos hacen fácil la vida, como las agendas electrónicas, los teléfonos inteligentes, la Ipad, la laptop… los papeles autoadheribles… pues el cerebro no es expandible, está confinado en un espacio finito, por ello depende de la economía cognitiva, y recuerda solo lo importante ¿dónde dejé mi célular?. 
Pero cuando bebés, las cosas son distintas. No se recuerda, se actúa a partir de los llamados instintos primarios, comer, dormir, defecar… eso no se tiene que recordar, tampoco respirar o sudar. La naturaleza dotó a las especies de medios de sobrevivencia. Si bien el cerebro está apto para funcionar en esas condiciones, no está completamente desarrollado. De hecho, quiero pensar que nunca termina de desarrollarse, pues las distintas áreas comienzan la carrera por cablear, que no es otra cosa que crear redes neuronales, funcionales, es decir, que den respuesta a las necesidades del ambiente (Dzib Goodin, 2011). 
La carrera por conectar, bajo la lucha del más fuerte y de que solo lo que se usa se queda y lo que no se desecha, comienza desde antes de nacer, pero será más evidente durante el primer año de vida. Comienza el desarrollo de lo que se conoce como sustancia blanca, que no es otra cosa que el medio conductor de impulsos eléctricos. A esta sustancia se le ha asociado con la velocidad de procesamiento y de conectividad entendida como la capacidad de conectar diferentes regiones del cerebro de forma eficaz (Roberts, Anderson y Husain, 2010; Tirapu-Ustárroz, Luna-Lario, Hernáez-Goñi, y García-Suescun, 2011). 
Conforme crecemos, con la interacción del ambiente, se van creando redes o circuitos específicos, de ahí que aun cuando dos personas vivan los mismos eventos, cada uno recordará o analizará el mismo de manera distinta. Algunos desarrollarán más el sistema visual y les será sencillo recordar estímulos visuales mientras que otros se inclinarán más por lo sonoro. 
La relación entre el aprendizaje y la memoria, surge entonces como una necesidad de consolidar aquellas cosas que se vuelven importantes, por ejemplo el camino a casa, el nombre de la calle donde se vive, el nombre propio, como andar en bicicleta o bien conducir un auto, recordar el alfabeto y los sonidos asociados a cada signo, lo mismo sucede con los números, la relación entre las operaciones aritméticas… lo que se aprende se mantiene en el sistema cognitivo, si además hace falta y se usa constantemente, se consolida, si se le suma aquello que nos gusta y nos hace sentir bien, muy probablemente se repetirá muchas veces, tantas, que creará una red neuronal fuerte y será difícil modificarla. 
Los hábitos, no son más que redes neuronales consolidadas, no hay que pensar como se usa el cepillo de dientes, en cuanto nos acercamos a donde está, lo tomamos sin pensar con que mano debe hacerse, lo usamos como mejor podemos, nos enjuagamos y lo ponemos en su lugar sin pensar demasiado en ello. 
Usted como lector experto ha podido reconocer cada signo de este escrito, recordó los sonidos asociados, los juntó, los comprendió y le dio un significado al texto. Nadie ha tenido que decirle, esta es una A y esta una B y suena así… ahí se explica la relación entre aprendizaje y memoria. 
¿Puede mencionar los números que se leyeron antes en este escrito?, ¡no se preocupe!, el 98% de las personas no logra hacerlo y en este caso es un buen síntoma pues prestó más atención al texto. ¿de que sirve recordar esos números? A menos que haya una recompensa de 3 mil dólares no vale la pena emplear una parte de su procesamiento cognitivo para ello. 
Se consolida en la memoria, aquello que sirve, que nos causa una emoción muy fuerte, o aquello que nos permite sobrevivir. ¿A quién le importan unos cuántos números?, solo aquellos que tienen una lesión cerebral que les crea una obsesión… a veces es bueno depender de los medios electrónicos para recordar, o de los procesos fisiológicos, para recordar que ya es hora de comer. 
Referencias 
Alvaréz – Buylla, A. y García Verdugo JM. (2002) Neurogenesis in adult subventricular zone. The Journal of Neuroscience. 22(3) 629-634. 
Delaney, PF., Nghiem, KN and Waldum, ER. (2009) The selective directed forgetting effect: Can we forget only a part of a text?. The Quaterly Journal of Experimental Psychology. 62 (8) 1542-1550. 
Killgore, WDS. and Yurgelun-Todd, DA. (2009) Cerebral correlates of amygadla responses during non-conscious perception of facial affect in adolescent and pre adolescent children. Cognitive Neuroscience. I (1) 1-11. 
Roberts, R.E., Anderson, E. J., Husain, M. (2010) Expert Cognitive Control and Individual Differences Associated with Frontal and Parietal White Matter Microstructure. The Journal of Neuroscience. 30(50): 17063-17067. 
Ruiz Contreras, A. y Cansino, S. (2005) Neurofisiología de la interacción entre la atención y la memoria episódica: revisión de estudios en modalidad visual. Rev. Neurol. 41 (12) 733-743. 
St. Clair Thompson, HL. (2010) Backwards digital recall: A measure of short-term memory or working memory?. European Journal of Cognitive Psychology. 22 (2) 286- 296. 
Tirapu-Ustárroz, J., Luna-Lario, P., Hernáez-Goñi, P., García-Suescun, I. (2011) Relación entre la sustancia blanca y las funciones cognitivas. Rev Neurol. 52 (12): 725-742.

PARTICIPACIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO EN LA FUNCIÓN DE LA MOTIVACIÓN

Fuente: Mybankpics
La motivación es entendida como la necesidad o el deseo que activa y dirige nuestro comportamiento,[1] es en sí una función psicológica compleja, que a través de conexiones nerviosas, nos permite realizar distintas acciones, que nos causan satisfacción. Ya sea desde una simple necesidad básica como el comer o dormir o una motivación secundaria del tipo obtener un título, afiliarse a una persona, etc. 
El conocimiento de los mecanismos biológicos implicados en la motivación se encuentra relacionado con todo lo referente a los sistemas de refuerzo, entendiendo que los individuos siempre experimentan motivación cuando esperan alcanzar, o luchar para conseguir, algún objetivo que incremente su probabilidad de supervivencia, su capacidad de adaptación y su calidad de vida. 
El hipotálamo y el sistema límbico juegan funciones esenciales, ya sea como incitadores y/o movilizadores. 
Desde el punto de vista fisiológico, las siguientes estructuras participan en la función psicológica de la motivación: 
  • Tálamo y corteza cerebral: produce una sensación placentera y es positivamente reforzante. 
  • Hipocampo, hipotálamo: también es positivamente reforzante, pero al mismo tiempo resulta inhibidor de ciertas conductas. 
  • Circuito amigdalino (amígdala – hipotálamo): está asociado a reacciones de miedo, rabia y agresión, además de establecer las principales características de la reacción defensiva.[2]
Bibliografía: 
  • McGraw-Hill, Introducción a la psicología, México, edit. Grijalbo 1981 
  • Elvira Valdés, María. Motivación y Neurociencia: Algunas Implicaciones Educativas, Acción Pedagógica, Nº 20 / enero - Diciembre, 2011 - pp. 104 - 109 
  • [1] McGraw-Hill, Introducción a la psicología, México, edit. Grijalbo, 1981. Pág. 318 
  • [2] Elvira Valdés, María. Motivación y Neurociencia: Algunas Implicaciones Educativas, Acción Pedagógica, Nº 20 / enero - Diciembre, 2011 – pág. 106

ENVEJECIMIENTO CEREBRAL


Un cerebro humano sano (izquierda) comparado con un cerebro de 90 año de edad (derecha) este es dos tercios menos del tamaño del cerebro joven. Con el tiempo, la materia blanca disminuye y el cerebro se contrae. Esta contracción gradual es más extrema entre los 70 y 80 años. fuente: everything is science, imagen: myimagebank.
En la especie humana el cerebro varía y tiene un ciclo natural donde a través del tiempo presenta cambios morfológicos, fisiológicos, y metabólicos normales en el ciclo vital de los seres humanos; no se deriva de enfermedades pero si acerca al individuo a la muerte. Este proceso progresivo y universal podría definirse como la perdida de adaptación a cualquier cambio, aguda necesaria para una vida relación normal, afectando diferente partes del cerebro. 
Para la OMS el proceso de envejecimiento es normal y no uniforme; comienza al momento de nacer y por ende pasa por todos los seres vivos; se acentúa en los últimos años de vida y se produce una limitación de la adaptación; diferente en cada especie y en cada humano; el envejecimiento de los órganos no surge al mismo tiempo en todos los individuos. 
El envejecimiento cerebral produce cambios como: 
  • Disminución del peso cerebral. 
  • Disminución del volumen cerebral. 
  • Atrofia cortical. 
  • Pérdida de neuronas corticales y de algunos núcleos subcorticales. 
  • Aumento de gránulos de lipofuscina en neuronas y glía. 
  • Cambios hipertróficos en la glía astrocitaria . 
  • Se afectan las estructuras filogenéticas y ortogenéticamente más antiguas. 
  • Pueden reducir los riesgos de desarrollar demencia en la reserva intelectual y factores dietéticos hormonales y genéticos. 
Tomado de: Dr. Alfonso Escobar Izquierdo Envejecimiento cerebral normal Revista Mexicana de Neurociencia 2001; 2(4): 197-202. Articulo de revision

PARTICIPACION DEL SISTEMA NERVIOSO EN LA FUNCIÓN PSICOLÓGICA DEL HAMBRE

El hambre es entendida como una de las necesidades más grandes del organismo, la cual debe ser saciada con alimentos, esto si depende de cada ser humano ya que los gustos por los tipos de comida son variables, lo que si no puede variar son los principios nutritivos, que son esenciales y tienen un efecto significativo en el desarrollo y funcionamiento del organismo, [1]y me estoy refiriendo a un menú equilibrado el cual debe contener, diariamente, cerca de 55% de carbohidratos, 30% de grasas y 15% de proteínas y vitaminas, minerales y fibras, el cual permitirán un estabilidad en nuestro cuerpo. De esta manera: 
Fuente: Escuelapedia

Cuando tenemos hambre, se produce un bajo nivel de azúcar que nos induce a comer, en el cerebro, se encuentra el centro del hambre y el centro de la saciedad, ubicados ambos en el hipotálamo: 
Fuente: Escuelapedia
Ø El centro del hambre se encuentra constantemente activado, promueve la utilización de glucosa y liberación de la insulina. 
Ø El centro de saciedad envía fibras inhibitorias al centro del hambre, cuando está siendo estimulado, activando a su vez al sistema endocrino, que libera endorfinas y dopamina. 
Curiosidades: 
- El páncreas libera insulina, la cual ayuda a ingresar glucosa en los músculos. 
- Serotonina: neurotransmisor que actúa para inhibir el hambre 
- Dopamina: liberada cuando esta zaceado el hambre por la glandula de la hipofisis 
- Ghrelin: segregada en el estómago, indica el hambre. 
- Leptina: segregada en el estómago: informa al cerebro sobre las reservas energéticas. 

Bibliografía 
  • Gustavo F. Gonzáles, Neuroendocrinología, Revista Peruana de Endocrinología y Metabolismo 1999; 4 (2): 57-82 
  • Galimberti Humberto, diccionario de psicologia, edit. siglo XXI editores, mexico, 2002 
  • Escuela pedia [en línea] http://www.escuelapedia.com/piramide-alimenticia/ [citado en 14 – 05-2013] 
  • [1] Galimberti Humberto, diccionario de psicologia, edit. siglo XXI editores, México, 2002, pág. 45 
  • [2] Escuelapedia [en línea] http://www.escuelapedia.com/piramide-alimenticia/ [citado en 14 – 05-2013] 

6 de abril de 2013

MODELO NEUROBIOLÓGICO DE LA AGRESIVIDAD EN LOS SERES HUMANOS

La violencia destructiva o la agresión aniquiladora contra la vida y los bienes de una persona o de un colectivo humano son comportamientos manifiestos de la conducta humana. A diferencia de ello, la “agresividad” es un concepto que se refiere a una “variable interviniente” e indica la actitud o inclinación que siente una persona o un colectivo humano a realizar actos violentos; en cuanto tal puede también hablarse de “potencial agresivo” de esa persona o de esa colectividad. Desde el punto de vista psicobiológico, es muy compleja y discutida la definición de agresión humana y animal así como la diferenciación entre violencia, agresión y agresividad (Martin, 2000), por ello nosotros consideraremos violencia y agresión como términos sinónimos que designan una misma realidad, por lo que nos limitaremos a fijar el sentido de la palabra violencia. 
El concepto de violencia puede tener diferentes niveles de generalización y abstracción: 
1. En su forma más abstracta violencia significa la potencia o el ímpetu de las acciones físicas o espirituales. Así, la violencia de una explosión atómica indica la intensidad de las fuerzas físicas liberadas en este fenómeno y la violencia de una pasión indica, de manera similar, la vehemencia con que una persona se apresta a conseguir aquello que desea. 
2. En un sentido más concreto, la violencia puede ser definida como la fuerza que se hace a alguna cosa o persona para sacarla de su estado, modo o situación natural. Si se admite, como así lo hacemos nosotros, que todo ser tiene una naturaleza propia, entonces debemos admitir que la persona tiene también una “esencia humana” a la que deben ajustarse sus comportamientos individuales o sociales. Sobre la línea de este supuesto debemos entonces calificar como violencia todo acto que atente contra esta naturaleza esencial del hombre y que le impida realizar su verdadero destino, esto es, lograr la plena humanidad. Así, la institución de la esclavitud en la cultura grecorromana era una institución violenta ya que impedía al esclavo el acceso a la libertad jurídico-política, libertad que constituye uno de los componentes fundamentales de la naturaleza ideal del ser personal. 
3. Por último, en un nivel semántico más preciso y restringido, violencia es la acción o el comportamiento manifiesto que aniquila la vida de una persona o de un grupo de personas o que pone en grave peligro su existencia. Violencia es, por tanto, agresión destructiva e implica imposición de daños físicos a personas o a objetos de su propiedad en cuanto que tales objetos son medios de vida para las personas agredidas o símbolos de ellas. 
En los seres humanos, diversos estudios recientes, realizados con la técnica de tomografía de emisión de positrones han demostrado que los ataques de agresividad están relacionados con una disminución de la actividad de las áreas corticales prefrontales (Drexler, Schweitzer, Quinn, Gross, Ely, Muhammad y Kilts, 2000; Pietrini, Guazleelli, Basso, Jaffe y Grafmann, 2000), asimismo se ha demostrado que la agresión reactiva descrita en pacientes con sociopatía adquirida está relacionada con lesiones en el córtex orbitofrontal (Blair, 2001, Blair y Cipolotti, 2000), así como en el gyrus parietal superior y anormalidades en la asimetría cerebral (Raine, Buchsbaum y LaCasse, 1997). Estos hallazgos son consistentes con la hipótesis de que la alteración funcional de la corteza cerebral, principalmente los sistemas circuitales relacionados con el córtex orbito-frontal puede estar relacionada, directamente, con individuos que muestran comportamientos agresivos patológicos. 
Como vemos, ninguna parte del cerebro actúa aisladamente para producir un tipo de conducta, en este caso violenta, así las conductas agresivas reflejan el resultado del equilibrio entre estimulación e inhibición de diferentes zonas cerebrales en un momento específico. 
Recientemente se está desarrollando una línea de investigación que demuestra que los individuos con comportamientos agresivos están caracterizados por una disminución tanto en las respuestas de conductancia en la piel, como en las cardiovasculares, como un incremento en la cantidad de ondas lentas que aparecen en el electroencefalograma, lo que podría ser un indicador biológico de las conductas agresivas humanas (Raine, 1996; Scarpa y Raine, 1997; Raine, Venables y Mednick, 1997).

Articulo tomado de la revista: Psicobiología de las conductas agresivas. Anales de psicología, 2002, vol. 18, nº 2 (diciembre), 293-303. © Copyright 2002: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, Murcia (España). ISSN: 0212-9728

Esta entrada fue escrita por Oscar Gomez estudiante de tercer semestre de psicología. Universidad de la Costa. C.U.C. 2013

EL ORIGEN DE LA AGRESIVIDAD HUMANA (DOCUMENTAL)